En una época signada por demandas tanto sociales como ambientales, es oportuno recordar que cada uno de nosotros constituye el mundo.

Si queremos ver cambios, en forma paralela a la solicitud de justas reivindicaciones, es necesario hacer una revisión de ciertas actitudes personales y el probable impacto en el entorno y en la obtención de aquello que queremos defender o cambiar.

La procrastinación es un fenómeno que está presente en la sociedad pero que todavía no está tratado con la importancia que merece, quizás por su complejidad y por lo difícil de identificar sus causas, así como las muchas relaciones causa-efecto que se realimentan entre sí.

Procrastinar

diferir, aplazar, posponer

Del latín procrastinare

La procrastinación es un problema de autorregulación y de organización del tiempo. Es un trastorno complejo crónico del comportamiento que nos afecta a todos en mayor o menor medida. Consiste en postergar de forma sistemática aquellas tareas que debemos hacer, que son cruciales para nuestro desarrollo y que son reemplazadas por otras más irrelevantes pero más placenteras.

Al procrastinar solemos:

  • Sobrestimar el tiempo que disponemos.
  • Subestimar el tiempo necesario.

Frecuentemente esta actitud y manera de proceder es típica de personas que confían mucho en sus posibilidades. Si realmente la persona tiene esas capacidades, es posible que la tarea se realice en plazo y con resultados óptimos. Pero quien pospone o procrastina una decisión, lo que está presentando es una conducta evasiva.

El término se aplica comúnmente a la sensación de ansiedad generada ante una tarea pendiente de concluir, que suele percibirse como abrumador, desafiante, inquietante, peligroso, difícil, tedioso o aburrido, es decir, estresante.

Las causas o motivos que pueden llevar a una persona a padecer de procrastinación son diversos y complicados.

Hay personas que procrastinan de resultas de un estado depresivo (la depresión conduce a estados de letargo).

Otras en cambio son amantes del perfeccionismo, y esto las priva de empezar a realizar proyectos porque temen que no podrán hacerlo tan perfecto como ellas desean, y por lo tanto pierden la motivación.

También una baja tolerancia a la frustración ayuda a dejar las cosas de lado, por miedo a que nos desborden y por tanto por miedo a cómo nos sentiremos.

Otro perfil muy distinto sería el de aquellas personas muy activas que disfrutan gestando ideas, pero que no pueden finalizarlas porque enseguida se distraen generando ya la siguiente; y postergan así decenas de tareas que obviamente no tienen tiempo para completar.

Y eso solo mencionando una minúscula porción de los muchos perfiles de procrastinador que se pueden encontrar.

Por ello, se auto justifica posponerlo a un futuro y cada vez más se está convirtiendo en un serio problema que afecta a la salud psicológica de los individuos y, por ende, a la salud social de una comunidad.

Nuestra conducta como procrastinadores puede perturbar en distintos ámbitos: en nuestras tareas cotidianas cuando aplazamos actividades necesarias para funcionar en el día a día. Por ejemplo: hacer las compras, ir al médico, cuidar los hijos, lavar y/o planchar la ropa, cocinar, etc. Esto provoca sensación de caos, de no poder llegar a todo, de frustración, debido a la acumulación de tareas pendientes

También puede afectar nuestro compromiso personal cuando impedimos que nuestra vida mejore en diversos ámbitos. No hacemos formación, no hacemos ejercicio, no aprovechamos las oportunidades de mejora profesional, no dejamos hábitos como fumar, no resolvemos problemas familiares, etc. Esto produce sentimientos de insatisfacción, inseguridad, inferioridad y estancamiento.

Del mismo modo puede impactar negativamente en los compromisos asumidos con los demás, que son quienes pagan cara esta conducta. En muchos de estos casos la Procrastinación es sinónimo de ser egoísta e insolidario. Esta conducta nos lleva a desatender nuestros compromisos adquiridos, incumplimos obligaciones laborales, no respetamos los plazos, desatendemos citas profesionales, no preparamos las reuniones, hacemos perder el tiempo a los demás, etc. Como consecuencia, perderemos la confianza y el respeto de los demás.

Por lo tanto, antes de postergar una tarea, pensemos en el efecto que tendrá en otros, ya que muchas de nuestras tareas influyen en el trabajo o vida de otras personas.

Uno de los principales amigos de la procrastinación es el Perfeccionismo. Muchas tareas y por ende proyectos se quedan estancados por culpa de enfocarlos con una mentalidad perfeccionista o demasiado detallista. Las dudas acaban por literalmente disipar nuestro poco tiempo disponible. Al final los proyectos no avanzan y caen en un triste abandono debido a que invertimos gran parte del tiempo regodeándonos en nuestras dudas sobre si lo que estábamos haciendo era el máximo, estaba al 100% bien.

A pesar de que buscar la perfección es un sentimiento loable, las utopías no se llevan muy bien con la realidad. Al igual que es reprochable que existan muchas personas que rechacen la perfección, o incluso lo bueno (aristofobia) y se sientan satisfechas despachando cualquier asunto de manera mediocre, también es reprochable un perfeccionismo paralizante.

Una herramienta posible para comenzar a neutralizar esta conducta se encuentra en la filosofía Kaizén.

Paso a paso

La palabra Kaizén proviene del idioma japonés y vendría a significar algo así como «mejora progresiva», y es una práctica basada en la idea de «primero se hace, después se mejora». La filosofía Kaizén se suele implantar en los procesos productivos de fábricas, y se puede extrapolar en la productividad personal.

Kaizen – “Cambio Bueno”

El primer objetivo es terminar lo que se busca producir. Posterior e inmediatamente, se lo repasa desglosando cada una de sus partes en búsqueda de qué mejorar, y cómo. Una vez realizado dicho estudio, que se hace ya sin las prisas de tener que finalizar el producto, se reinicia el proceso de producción de una «versión 2.0» pero esta vez implementando las mejoras identificadas. Y así sucesivamente.

Así, la filosofía Kaizen no renuncia al deseo de perfección, sino que lo hace integrando la imperfección durante el proceso.

¡Vamos adelante!

  1. Las metas del día. Cuando comienza cada día, decidir qué tareas se va a realizar (que no sean demasiadas) y no salirse de ahí, salvo que haya un imprevisto.
  2. Acotar el tiempo cuando se tiene por delante una tarea más larga que un día, se puede fraccionar en trocitos.
  3. Cortar las mentiras, no engañarse. Atención con frases del tipo: “bueno, no lo hago ahora pero mañana temprano arranco a pleno”, o “veo unos videos y luego sin falta lo hago”. Es la tentación del autoengaño.
  4. Huir de la perfección paralizante. Liberarse de la necesidad de hacer de la tarea una obra de arte. Simplemente hay que hacerla; después revisamos los detalles.
  5. Vencer el miedo. A menudo se procrastina por miedo a hacer mal el trabajo. Identificar cuál es tu miedo y enfrentarlo.
  6. Monitorear el tiempo. Fijarse bien cuales debilidades nos impiden cumplir con el trabajo para ponerles remedio. ¿Dónde se te está yendo el tiempo?
  7. Trabajar menos. El exceso de trabajo es otra razón por la que procrastina. Si es necesario, hay que liberarse de unos cuantos compromisos, obligaciones y tareas.

Fuentes